De Piero Manzoni nunca he escuchado nada. De él he leído y no en ninguna publicación sobre arte o algo por el estilo, lo leí en
Los detectives salvajes de Bolaño. Al principio creí que era solo un personaje inventado, ¡vamos quién se cree de buenas a primeras que alguien enlate y venda su propia mierda y encima llame a eso arte! En fin, hace algunos días caminaba por el centro de Lima, era casi de noche y yo caminaba sin dirección (como suelo hacer) cuando de repente, por uno de esos callejones intrincados por donde suelo meterme para cortar camino, una figura delgada me intercepta. Era un hombre extraño (ya sé que la descripción es genérica pero vaya que le hace justicia) que vestía una camisa hawaiana y tenia puesto encima un terno marrón. No parecía ser un ladrón todo lo contrario parecía un oficinista viejo, huesudo y demacrado. Empezó a hablar y a decir algo que nunca llegué a entender porque hablaba atropelladamente y con voz ronca, me llevó un poco de tiempo darme cuenta de que me estaba ofreciendo algo, algo que señalaba con sus ojos y que ocultaba con las manos pues las tenia cruzadas, yo supongo quería que recibiese ese algo. Me detuve a mirarlo un rato. La impresión inicial me fue abandonando y empezó a apoderarse de mí una mezcla de miedo e indecisión, finalmente opté por evadirlo y salir lo más rápido posible de aquel callejón. Cuando me adelante al hombre creí que este me iba a cerrar el paso pero el tipo no hizo nada, todo lo contrario se quedó parado siguiéndome con su mirada. Al rato cuando ya había salido del callejón, miré hacia atrás y lo vi yéndose en dirección opuesta a la mía. Aún ahora recuerdo sus manos, las tenia sucias y manchadas, las uñas despellejadas y con un par de costras en los dedos... todavía no dejo de pensar en qué era lo que ocultaba.
Esta anécdota me trajo a la memoria el nombre de Piero Manzoni, artista (?) que literalmente se cagó en todo lo que a buen gusto se refiere e ingresó a los anales de la historia del arte con su escatológica propuesta.